Hay momentos en los que pasamos por períodos de transición: dejar atrás lo viejo, una relación, el trabajo, los compañeros, el lugar y los amigos, y avanzar hacia algo nuevo. Pero lo nuevo es “nuevo”. Hay una sensación de muchos cabos sueltos. Todo está en constante cambio y es posible que te preocupes por lo que sucederá a continuación, si funcionará, si tomaste la decisión correcta o qué decisión debes tomar. A medida que lo viejo se desvanece, hay una sensación de pérdida, y con la pérdida, duelo: depresión, rumiación, sentimientos fuera de control o de incapacidad. Si has tenido pérdidas no resueltas, la muerte de las personas cercanas a ti o las relaciones pasadas no resueltas comienzan a acumularse emocionalmente. Pero, hay una oportunidad enterrada en la agitación.
Estos son períodos de transición en los que sentimos que estamos comenzando de nuevo.
Las rutinas y reglas concretas de nuestra vida cotidiana ya no existen, y tenemos la rara habilidad de remodelar nuestras vidas antes de que se solidifiquen en el próximo capítulo.
Es un momento excelente para dar un paso atrás.
Antes de seguir adelante, reflexiona sobre dónde has estado para que sepas hacia dónde avanzar.
Tómate el tiempo para descubrir la lección: ¿Qué cambiarías si lo hicieras todo de nuevo?
Tómate un momento para definir tu ideal: si tuvieras que reconstruir tu vida desde cero hoy, ¿cómo sería?
Explora y aprovecha lo anterior.
No te limites a saltar a una nueva relación que es un paso adelante del pasado o que podría explotar después de unos meses.
La etapa de exploración es un momento para experimentar, correr riesgos y explorar partes de ti que han estado inactivas.
No te conformes con el valor predeterminado.
Esta rara oportunidad te permite comprender, explorar y convertirte en quien finalmente quieres ser.