Anota tu meta y comprométete.
Escribir un objetivo específico que se desea lograr, hará mucho más fácil estar motivado que un objetivo abstracto.
Además, hablar con otra personas de tus metas te hará sentirte más cercano, emocionado y comprometido con tu meta.
Divide los objetivos en tareas más pequeñas y establece un plan de estudio.
¿Cuáles son tus metas?
¿Dónde te gustaría estar en los próximos 12 meses?
¿Tienes en mente realizar ese curso que nunca tienes tiempo de hacer?
Divide el año en meses y crea pasos de acción cada semana.
Luego, para evitar sentirse desmotivado o agobiado por la gran cantidad de tareas a realizar, es recomendable concentrarse en las más inmediatas.
Recuerda realizar la tarea de hoy y mirar solo la semana siguiente a la que te encuentras.
Tener una hoja de trabajo o un cuaderno con las metas y las actividades a realizar, es una manera inteligente de recordarlas.
Comienza haciendo una lista de tareas diarias, semanales, y mensuales.
Así obtendrás el hábito de crear listas con tareas de forma eficaz, y te mantendrás motivado para realizarlas todas.
Si te sirve de ayuda, puedes usar listas coloridas y tenerlas en tu escritorio por encima del ordenador para que siempre puedas ver tus metas.
Programa una revisión semanal para evaluar lo que está funcionando y lo que no.
Si una tarea en particular no está funcionando, pregúntate si es necesario realizarla para alcanzar tu meta, o si estás teniendo una mala semana.
Tómate un momento para recordarte por qué has establecido tus objetivos y las razones por las que deseas lograrlos.
Celebra tus hitos.
Sabemos que reconocer tus propios logros no es tarea fácil, pero las recompensas pueden ser una herramienta poderosa para motivarte y seguir adelante.
Elige niveles de recompensa para cada objetivo particular, y asegúrate de establecer un momento para recompensarte por cada éxito, incluso por los más pequeños.