La rabia es una expresión del dolor, de emociones y de culpas no manifestadas. De igual manera, oculta la necesidad de manipular a otros y de un reconocimiento en el que exteriorizamos una actitud de ‘superioridad’ ante los demás.
Al sentirnos excluidos, engañados o frustrados, hace que este sentimiento se prolongue.
Pero, ¿qué es lo que esconde tras de sí la ira?
Aunque parezca una simple reacción natural, esta emoción puede ser una máscara con la que escondemos algunos de nuestros temores:
- Impotencia: cuando no logramos lo que deseamos.
Al querer conseguir algo y ver que no lo alcanzamos, experimentamos un sentimiento de frustración, que, a veces, se manifiesta en un acto de enojo bien sea con nosotros mismos o con algún allegado.
- Miedo: percibir un peligro que nos afecta directa o indirectamente.
El temor de no saber cómo protegernos ante el riesgo causado en determinada situación, provoca una sensación de angustia.
- Inseguridad: falta de confianza en nuestras capacidades.
La ausencia de amor propio y los complejos de inferioridad construyen un muro que nos impide conocernos.
La inseguridad crea una profunda frustración que se convierte en enojo.
- Dolor: sentimiento de pena y tristeza.
El dolor causado por una situación de desesperanza nos ahoga en el sufrimiento, al ser incapaces de reconocer y expresar el dolor que sentimos, nuestro inconsciente lo disfraza y convierte en enojo.
- Decepción: insatisfacción generada por la pérdida de esperanza en algo o alguien.
Cuando tenemos expectativas y estas no brotan o esperamos algo y no sucede, perdemos la paciencia.
Por eso, expresamos nuestra ira como reacción a esta decepción.