Conocer la emoción. Ya sabéis que antes de saber gestionar una emoción, sea positiva o negativa, hay que conocerla de cerca y saberla reconocer. La primera actividad que os proponemos es la de hablar de las emociones de enfado y de rabia: qué situaciones os hacen enfadar, qué sentís cuando os enfadáis, qué sensaciones físicas os sobrevienen… Podéis plantear experiencias cotidianas e invitar a los niños a explicar cómo se sienten. Disponéis de cortometraje titulado Respira que os ayudará a explicar la rabia y os ofrecerá técnicas para gestionarlas de la manera más adecuada. Un espacio para la reflexión. Si por el motivo que sea, la emoción del enfado y la rabia se manifiestan muy a menudo en los niños – porque así lo comunican ellos o porque observáis situaciones que la provocan en el entorno escolar – podéis organizar un espacio de reflexión que les permita manifestar lo que sienten cuando se enfadan y hablar sobre las situaciones que provocan estas emociones. Dibujamos, pintamos, modelamos… ¡nos expresamos! Ya hemos visto que cuando hablamos de emociones, comunicar es primordial. Otra manera de fomentar la expresión de estas emociones negativas y la gestión de la rabia puede pasar por dibujar en un papel con lápices de colores. Líbrate de la rabia. Otro ejercicio muy gráfico puede ser el de ayudar a los alumnos a liberar sus emociones de rabia a través de globos. Técnicas de relajación. A veces se producen situaciones, dentro y fuera del aula, que nos hacen enfadar, nos hacen rabiar o experimentar ira. Aprender a relajarse es importante en muchos momentos de la vida, así que os proponemos dedicar cinco minutos a deshacer tensiones. Ayudad a los niños a controlar su respiración y ofrecerles, de viva voz, la descripción de un paisaje relajante. Se trata de una técnica muy sencilla, pero efectiva, tanto para niños como para adultos, que os ayudará a crear un ambiente más propicio y a hacer aflorar emociones positivas reconfortantes.