Piensa antes de hablar.
En un momento de enojo, es fácil decir algo de lo que luego te arrepentirás.
Tómate unos momentos para ordenar tus pensamientos antes de decir algo, y permite que las otras personas involucradas en la situación hagan lo mismo.
Una vez que te tranquilices, expresa tu ira.
Tan pronto como puedas pensar con claridad, expresa tu frustración de una manera asertiva pero no confrontativa.
Comunica tus preocupaciones y necesidades de manera clara y directa, sin herir a los demás ni tratar de controlarlos.
Tómate un tiempo para reflexionar.
Los tiempos para reflexionar no son solo para niños.
Date pequeños descansos en los momentos del día que tienden a ser estresantes.
Algunos momentos de tranquilidad pueden ayudar a que te sientas mejor preparado para manejar lo que sucederá después sin irritarte o enojarte.
Identifica posibles soluciones.
En lugar de concentrarte en lo que te enojó, esfuérzate por resolver el problema en cuestión.
Usa el humor para aliviar la tensión.
Tomarse las cosas con calma puede ayudar a aliviar la tensión.
Utiliza el humor como ayuda para afrontar lo que te enoja y, posiblemente, las expectativas poco realistas que tengas sobre cómo deberían ser las cosas.
Practica técnicas de relajación.
Cuando te sientas exasperado, pon en práctica las técnicas de relajación.
Practicar ejercicios de respiración profunda, imagina una escena relajante o repite una palabra o una frase que te tranquilice, como «Tómalo con calma».
También puedes escuchar música, escribir un diario o practicar algunas posturas de yoga: lo que sea necesario para relajarte.