Liberar la rabia de manera controlada y saludable es uno de los factores más importantes a la hora de no dejar que esta emoción nos domine y nos haga caer en dinámicas destructivas o autodestructivas.
Evita sitios bulliciosos o estresantes y busca un lugar tranquilo.
Se trata de un sesgo que nos puede arrastrar al empeoramiento del problema.
Así pues, nunca está de más tener en mente lugares tranquilos en los que poder estar solos, especialmente en previsión de un diálogo que puede enfurecernos.
Puedes hacer dos cosas: evitar elevar el tono de voz, y hacer que tu habla sea algo pausada.
Hablar de un modo un poco más lento cumple una función parecida, dándonos una excusa para monitorizar nuestro ritmo de hablar, evitando que intentemos abrumar al otro y dominar la conversación por esta vía.
Si dejas que pase el tiempo y no aumenten los motivos para sentir enfado, esta rabia que empezaba a ser un problema se desvanecerá sola sin causar problemas significativos, al no haber alcanzado un punto crítico y, por otro lado, haber convertido el diálogo en una batalla.
Si tienes tiempo y no se trata de un sentimiento de rabia muy intenso aparecido súbitamente, sino que llevas sintiéndolo desde hace varios minutos, plantéate la posibilidad de amplear ese estado de alerta y tensión en algo productivo.
Por ejemplo, en hacer deporte.
El deporte nos plantea la necesidad de liberar energía atendiendo a un objetivo muy claro que requiere toda nuestra atención, por lo cual es una excelente manera de dejar que la ira se vaya sola.
Si sientes mucha rabia, quizás un deporte competitivo no es la mejor opción.
En este caso céntrate en ejercicios realizados de manera individual, como por ejemplo hacer flexiones, correr por el parque, etc.
Sumergirse en un mundo de fantasía y cumplir con los objetivos nos permite liberar energía en un entorno controlado.