Trata de domar a tu voz interna, la mayoría de veces nosotros somos nuestros peores enemigos, los mayores críticos contra lo que hacemos o pensamos.
En lugar de machacarnos a nosotros mismos, debemos tratar de hacer críticas constructivas.
Ver nuestras acciones como si las estuviera haciendo otro, preguntándonos a nosotros mismos qué pensaríamos si un amigo hiciera lo que nosotros hemos hecho.
Debemos tratar de eliminar esa voz que nos dice que no somos suficientes y cambiarla por una que nos diga que aunque lo que estemos pasando sea difícil, nos hará crecer y aprender.
Si lo hacemos, veremos cómo florece nuestra autoestima.
Controlar nuestro lenguaje corporal influye en nuestros pensamientos y sentimientos.
Por ejemplo, cuando tenemos una buena postura corporal, estamos de pie, con la cabeza arriba, nuestro cerebro percibe que tenemos una gran autoestima, y manda una respuesta que hace que, efectivamente, esta aumente.
Tiene que ver con el famoso lema “fake it till you make it” o “finge hasta que lo consigas”, que quiere decir que actuemos como si ya hubiésemos conseguido el objetivo que nos hemos propuesto porque, así, estaremos más cerca de él.
Es tan fácil como mirar a las personas a los ojos al hablar, sonreír o mantener una buena postura, por mucho que seamos tímidos o introvertidos.
Mandaremos a los demás el mensaje de que sabemos lo que valemos, pero también a nosotros mismos.
Sal de tu zona de confort, solo así podremos mejorar.
En nuestra zona de confort, por bien que nos encontremos, acabamos estancándonos, viviendo en una monotonía que nos impide avanzar a largo plazo.
Hacer cosas que nos impongan o nos den miedo no es una forma de torturarnos a nosotros mismos, sino de encontrar un nuevo potencial dentro de nosotros.
Y no pasa nada si fallamos.
El fracaso no es un símbolo de debilidad, sino una muestra de que estamos constantemente rompiendo barreras y quitándonos de encima los límites que nos habíamos impuesto para probar cosas nuevas.
Asume que nunca serás perfecto, la perfección solo es una ilusión irreal y, cuanto antes nos demos cuenta, antes podremos mejorar nuestra autoestima.
Nuestras imperfecciones nos conectan con el resto de personas, porque albergan empatía y comprensión por parte de los demás.
Ser auténticos es más importante que intentar dar una visión de una vida idealizada, y ello solo pasa por ser vulnerables.
Celebra tus pequeñas victorias, celebrar los pequeños logros que vamos consiguiendo nos recuerda a nosotros mismos que estamos progresando y que estamos un paso más cerca de nuestros objetivos.
Se trata de celebrar la vida en el día a día, no solo cuando ha pasado algo grande.
Ello nos ayudará a adoptar una mentalidad positiva que atraerá, a su vez, más experiencias positivas.
No es que tengamos que hacer una fiesta cada vez que hagamos algo, simplemente se trata de reconocer nuestro progreso para, así, motivarnos a seguir.