Transformar nuestro diálogo interno, prestar atención a cómo nos hablamos a nosotros mismos, sustituyendo las críticas negativas por afirmaciones positivas que refuercen nuestra valía.
Por ejemplo, en lugar de pensar "No soy buena en esto", di "Estoy aprendiendo y mejorando cada día".
Debemos establecer metas realistas, definir objetivos alcanzables que nos motiven y nos permitan experimentar logros.
Al cumplir estas metas, por pequeñas que sean, reforzaremos nuestra confianza y percepción de competencia.
Practicar el autocuidado, dedicando tiempo a actividades que nos brinden bienestar físico, emocional y mental.
Rodeándonos de influencias que nos apoyen e inspiren, ya que las relaciones saludables contribuyen significativamente a una autoestima sólida.
Aceptar nuestras imperfecciones, reconociendo que todos cometemos errores y que la perfección es inalcanzable, por lo que debemos aprender de nuestros fallos y tratarnos con la misma compasión que ofreceríamos a una amiga.
Celebrar nuestros logros diarios, al final de cada día debemos reflexionar sobre nuestros éxitos y momentos positivos, este hábito refuerza una visión positiva de nosotros mismos y nos ayuda a enfocarnos en lo que hacemos bien.
Enfrentarnos a nuestros miedos, saliendo de nuestra zona de confort y abordando los desafíos que hemos estado evitando, superar estos obstáculos incrementará nuestra confianza y nos demostrará de lo que somos capaces.
Limitar las comparaciones, evitar medir nuestra vida en función a los demás, especialmente en redes sociales, concentrándonos en nuestro propio progreso y valorando nuestras cualidades únicas, debemos evitar compararnos a los demás.
Implementar estas estrategias de manera constante puede generar cambios significativos en nuestra autoestima en un corto periodo de tiempo, aunque debemos recordar que el crecimiento personal es un viaje continuo, y cada pequeño paso que demos nos acerca a una versión más segura y plena de nosotros mismos.