Concéntrate en tu respiración. Dirige tu atención a tu respiración. Inhala y exhala para sentir cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Cuando tu mente se distraiga, simplemente reconoce los pensamientos y regresa tu atención a la respiración. Realiza un escaneo corporal. Tómate unos minutos para recorrer mentalmente tu cuerpo. Empieza por los dedos de los pies y ve subiendo lentamente hasta la cabeza. Observa cualquier sensación física que experimentes, sin intentar cambiarla. Practica la meditación caminando. Al caminar, enfócate en las sensaciones que produce el movimiento. Siente cómo tus pies tocan el suelo, nota el ritmo de tus pasos y observa tu entorno con atención. Sé consciente en tus actividades. Intenta estar presente de manera consciente durante las tareas diarias como comer, bañarte o lavar los trastes. Presta atención a los detalles sensoriales, como los sabores, olores, texturas y sonidos. Cultiva pensamientos positivos. Dedica unos minutos a pensar en sentimientos de amor y gratitud hacia ti y hacia los demás. Repite frases positivas como “Que esté feliz, que esté sano, que esté en paz“. Toma pausas durante el día. Incorpora pequeños momentos de conciencia plena en tu rutina. Por ejemplo, antes de comenzar una nueva tarea, detente y toma tres respiraciones profundas para enfocarte en el momento.