La conexión emocional es el adhesivo de las relaciones que enriquecen, alivian inseguridades y crean un tejido existencial significativo. La conexión emocional parte de un pilar fundamental: la sensación de seguridad. Saber que hay una figura que siempre está disponible para nosotros en cualquier momento nos hace sentir seguros, validados y felices. La disponibilidad nos da un sentido de pertenencia. Somos parte de alguien y ese alguien, a su vez, es parte de nosotros. La conexión emocional no implica solo sentir, requiere también acción y esfuerzo mutuo. Conectar emocionalmente con alguien nos cambia la vida. Es un tipo de alquimia psicológica en la que se integran diversos componentes, claves fascinantes que todos podemos desarrollar mucho más. La conexión emocional es un estado de afinidad o alineación profunda establecida con una persona, con varias o con una dimensión concreta. Las personas también establecemos conexiones emocionales con productos, escenarios físicos e incluso con marcas. La conexión auténtica parte de improntas emocionales, de una arquitectura profunda e inteligente en la que navega el respeto, la empatía, la buena comunicación, el interés y la preocupación sincera. Todo ello conforma un tejido excepcional en el que las relaciones resisten al paso del tiempo y a las adversidades. Comprender, dominar y saber aplicar el buen arte de las emociones garantiza no solo bienestar, nos permite también relacionarnos mucho mejor. La conexión emocional es escuchar, sentir y comprender al otro. Quien esté dispuesto a crear un auténtico lazo de conectividad profunda y significativa te dará espacio, te ofrecerá un lugar en su presente y en su corazón para atenderte desde la empatía. Solo así se nos escucha de manera activa, solo así seremos comprendidos como merecemos. La conexión emocional parte de improntas emocionales, de una arquitectura profunda e inteligente en la que navega el respeto, la empatía, la buena comunicación, el interés y la preocupación sincera.