Es evidente que igual que antes de viajar debemos decidir a dónde queremos ir, en nuestra vida debemos tener claro lo que queremos conseguir, a dónde queremos llegar y recordarlo de vez en cuando para no perder la motivación.
La paradoja de pensar solo en los resultados.
El hecho de obsesionarnos para alcanzar nuestros sueños o los objetivos que nos hemos marcado, nos hace vivir en piloto automático contando los kilómetros que nos quedan para llegar a nuestro destino.
Esto implica que nos perdamos el presente, que avancemos olvidando mirar el paisaje o los pueblos que cruzamos.
No disfrutamos del camino ni de lo que nos enseña.
Ahí está la gran paradoja, cuando nos enfocamos en los futuros resultados, olvidamos el presente, lo fugaz que es la vida, y no disfrutamos de su belleza.
Si logramos mantener nuestra atención en el ahora, si nos fijamos en todas las etapas de nuestro camino, tanto si son fáciles como si representan un desafío, viviremos intensamente las alegrías y las derrotas, nos volveremos sabios, resilientes y serenos.
Practicaremos la dicotomía del control, uno de los pilares del estoicismo que consiste en distinguir lo que depende de nosotros y lo que no.
La verdadera sabiduría surge no solo de los éxitos, sino también de las experiencias que nos desafían.
Si vives disfrutando del proceso, aprendes a ser feliz independientemente de las circunstancias, y sobre todo, consigues que tu felicidad no sea vinculada a tu éxito.
Cuando te decides a disfrutar del proceso, tu felicidad ya no depende del resultado.
Sería interesante contemplar nuestra vida como un gran puzle que vamos completando, día tras día, años tras año.
Al trabajar en ello, nos alegramos saboreando de antemano el resultado final y esta emoción nos impulsa a seguir avanzando, buscando las piezas que nos faltan, nos sirve de aliciente, de motor.
Para terminar me gustaría subrayar el hecho de que la meta no es primordial.
Cuando la alcanzamos, nos damos cuenta de que la meta real era el proceso, el camino que tuvimos que dibujar para alcanzarla.
La vida es esto, un camino de aprendizaje y madurez, no en busca del éxito sino de conseguir superarnos, alcanzando nuestra mejor versión.