Definitivamente, la música influye en nuestras emociones.
Según el tipo de música: Música estimulante: la compondrían géneros como el pop, rock, salsa, reggaetón, rap, tecno, etc.
Aumenta la energía corporal activando los músculos estriados, encargados de la movilización del cuerpo, y estimula el área subcortical del cerebro, provocando emociones intensas, respuestas viscerales e instintivas, aumentando el nivel de vigilia, atención y excitación.
Al percibir ondas sonoras, experimentamos emociones que provocan en el cerebro la secreción de dopamina, un neurotransmisor considerado el responsable de las sensaciones placenteras y la sensación de relajación.
Modifica nuestro estado de ánimo: la música tiene la capacidad de facilitar el tránsito de una emoción a otra con cierta rapidez.
Una canción triste pude inducirnos a un estado melancólico, mientras que una canción alegre puede excitarnos y proporcionarnos minutos de felicidad.
La música romántica tiene la capacidad de hacer que nuestro cerebro segregue oxitocina, la hormona del amor, por lo que nos hace estar más sensible a los sentimientos como el enamoramiento.
El jazz y el blues agudizan los sentidos, y generan una sensación de liberación, por lo que son ideales para actividades que requieren creatividad, innovación e imaginación.
Una armonía alegre nos conecta con emociones positivas que favorecen un pensamiento optimista, valorando mejor nuestras capacidades y habilidades, y promueve que actuemos en consecuencia.
La capacidad que tiene la música de desvanecer las preocupaciones contribuye a aliviar tensiones y a producir relajación.
Escuchar música reduce el nivel de cortisol en el cerebro, hormona responsable del estrés.
La música genera profundos sentimientos y sensaciones, por lo que algunas melodías se llegan a convertir en parte de nuestra historia vital.
Al conectar con una gran variedad de emociones, la música nos permite enfocar un problema desde diferentes perspectivas.
Las diferentes emociones originan distintos pensamientos.