La música tiene un poder sorprendente sobre nuestras emociones y el estado de ánimo. La música activa áreas cerebrales relacionadas con las emociones, como la amígdala y el sistema límbico, generando respuestas emocionales y físicas. También activa la secreción a nivel cerebral de endorfinas, los neurotransmisores relacionados con el placer y la felicidad. Escuchando música podemos evocar recuerdos o imágenes, estimular nuestros afectos y emociones y crear una conexión profunda con nuestras experiencias de vida. La música puede despertar una amplia gama de sentimientos. Cuando estamos tristes o deprimidos, tendemos a buscar canciones que reflejen nuestras emociones, quizá buscando consuelo o validación. La música puede funcionar como un reflejo de nuestro estado emocional actual y, al mismo tiempo, influir en él. La música tiene efectos positivos y negativos en nuestro estado de ánimo. Escuchar música alegre y enérgica puede aumentar la motivación, mejorar el ánimo y proporcionar una sensación de euforia. También puede funcionar como una herramienta de relajación y reducir el estrés. Por otro lado, ciertos tipos de música triste o agresiva pueden intensificar sentimientos negativos, como la tristeza o la ira. La música es utilizada en algunos tipos de terapia para reducir el estrés, disminuir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo. Escuchar música relajante puede inducir una respuesta de relajación, reduciendo la frecuencia cardíaca y la presión arterial.