La predisposición genética juega un papel importante en la salud mental.
Factores biológicos como desequilibrios químicos en el cerebro, cambios hormonales y problemas neurológicos pueden influir en la salud mental.
Las experiencias de la infancia, incluyendo la exposición a la violencia, el abuso, el abandono o la negligencia, pueden tener un impacto duradero en la salud mental.
Los eventos traumáticos, como accidentes, agresiones, desastres naturales o el combate militar, pueden tener efectos significativos en la salud mental.
El entorno en el que vivimos y trabajamos puede influir en nuestra salud mental.
En otras palabras, el acceso a recursos, la calidad de la vivienda y el nivel de apoyo social son ejemplos de factores ambientales que pueden afectar la salud mental.
El estilo de vida, que incluye la dieta, el ejercicio, el descanso y el consumo de sustancias como el alcohol y otras drogas, puede afectar la salud mental.
Una dieta equilibrada y el ejercicio regular, por ejemplo, pueden promover una mejor salud mental.
Las relaciones familiares, de pareja y sociales desempeñan un papel importante en la salud mental.
El apoyo emocional y las relaciones positivas pueden promover el bienestar, mientras que el conflicto y la falta de apoyo pueden contribuir a problemas mentales.
El estrés, el acoso, la sobrecarga de trabajo y la falta de satisfacción laboral pueden afectar la salud mental de los trabajadores.
La situación financiera y la inseguridad económica pueden contribuir al estrés y la ansiedad, lo que a su vez puede afectar la salud mental.