La exposición a entornos naturales, como bosques, parques, jardines y costas, puede aliviar el impacto psicológico del estrés, promover la actividad física y fomentar la interacción social. Estos espacios también ofrecen una oportunidad para relajarse y desconectar del estrés cotidiano. Según estudios, el 95 % de las personas encuestadas indicaron que su estado de ánimo mejoraba al pasar tiempo al aire libre, sintiéndose menos estresadas, deprimidas y nerviosas, y más relajadas y equilibradas. En resumen, las personas que pasan más tiempo en contacto con la naturaleza tienden a ser más felices y gozan de un mayor bienestar psicológico.
La naturaleza puede disminuir la presión arterial, calmar el sistema nervioso y mejorar la función inmunitaria. Incluso la simple visión de un paisaje natural desde una habitación de hospital puede aliviar los síntomas de ansiedad y depresión. Se ha comprobado que pasar solo 20 minutos al aire libre puede reducir significativamente los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Estar en contacto con entornos naturales tranquilos incrementa la producción de endorfinas y serotonina, las sustancias químicas que regulan el bienestar y la felicidad.
Los entornos naturales no solo fomentan la relajación, sino que también mejoran la concentración y estimulan la creatividad, especialmente después de periodos prolongados de trabajo. La tranquilidad que proporcionan estos espacios permite una mayor claridad mental, lo que favorece la generación de nuevas ideas. El silencio y la calma que ofrece la naturaleza ayudan a mejorar la calidad del sueño, favoreciendo una entrada más suave en las fases de descanso. Las personas que pasan tiempo en la naturaleza tienden a despertarse con una mayor sensación de energía y vitalidad.