Tómate el tiempo para entender lo que estas sintiendo.
Si el conflicto no demanda una atención inmediata, procura buscar un lugar donde puedas estar tranquilo.
Respira pausadamente e intenta reconocer alguna de las emociones básicas que hemos mencionado.
Es importante que no emitas juicios de valor como “no debería sentir esto”, recuerda que es una reacción involuntaria, simplemente valídalo para ti mismo.
Posteriormente decidirás si es conveniente expresarlo y cómo hacerlo.
Aprópiate de lo que sientes.
Un error muy común es utilizar el argumento de “tú me haces sentir así”.
Esto normalmente genera discusiones porque niega nuestra responsabilidad personal.
Hay que reconocer que, independientemente de la conducta de los demás, son nuestros pensamiento e interpretaciones subjetivas lo que provoca nuestras emociones.
Es mejor utilizar “cuando tú haces esto, yo me siento…”.
Utiliza las palabras adecuadas.
Si utilizamos verbos sensitivos como: “noto”, “percibo”, “siento”; no nos rebatirán las cosas rápidamente, porque se refieren a un estado interno personal.
Sólo tú puedes saber cómo te estás sintiendo.
Procura ser preciso en lo que comunicas.
Decir: “me siento bien/mal” puede transmitir una idea confusa acerca de tu estado anímico.
Es de mucha ayuda que señales el nombre de la emoción que identificaste, o al menos lo más cercano posible.
Permítete vivir tus emociones.
Ríe a carcajadas, llora tu pena, expresa tu enojo con actividades que no dañen a otras personas o a ti mismo.
Hazlo de acuerdo a tu personalidad y a tus convicciones, pero puedes estar seguro que es un paso al frente para una vida más plena y de calidad.