No es ni bueno ni malo, pero puede generar frustración o conflictos en la relación si no se gestionan adecuadamente, ya que si estas expectativas no se comunican claramente o son poco realistas pueden llevar a malentendidos, resentimientos, tensiones y en algunos casos separaciones. Un exceso de expectativas puede generar distancia emocional, culpa o sensación de invalidación, haciendo que ambas partes se sientan constantemente en deuda o incapaces de satisfacer al otro. También las expectativas muy altas pueden llevar a que las personas se transformen en lo que el otro quiere y haber falta de autenticidad sin aceptarse como son ni fomentar acuerdos para mejorar la dinámica de la pareja. Es importante entender que no es obligación del otro cumplir todas nuestras expectativas ya que cada persona tiene sus propias necesidades y limitaciones, generar presión puede desequilibrar la relación y llegar a ser un peso para la pareja, haciéndole sentir frustración por no cubrirlo. Las expectativas son una parte fundamental en la relación, pero mal gestionadas, pueden generar frustración, desconexión y separación.