En una relación de pareja, las expectativas son inevitables. Todos tenemos una serie de ideas sobre cómo debería ser una relación, cómo debería comportarse nuestra pareja y qué papel jugamos nosotros en esa dinámica. Estas expectativas pueden provenir de nuestras experiencias pasadas, la influencia de nuestra familia, de cuál es nuestra cultura, o incluso de las historias de amor que hemos visto a nuestro alrededor o en los medios. Cuando las expectativas no se expresan claramente, pueden convertirse en un enemigo silencioso que erosiona lentamente la relación. Sin embargo, el problema surge cuando estas expectativas no son comunicadas y, en cambio, presuponemos que el otro miembro de la pareja las comparte y las asume. Las expectativas en la relación de pareja En terapia de pareja, uno de los primeros pasos para abordar este problema es identificar y poner sobre la mesa estas expectativas no expresadas.
Es sorprendente cómo muchas veces ni siquiera somos conscientes de nuestras propias expectativas hasta que se presentan situaciones conflictivas. Una vez que las expectativas están sobre la mesa, la pareja puede trabajar en alinearlas o, en algunos casos, reajustarlas. Es posible que algunas expectativas sean irreales o insostenibles, y en esos casos, es necesario renegociarlas para encontrar un equilibrio que funcione para ambos. En resumen, las expectativas no expresadas pueden ser una fuente de conflicto y de desconexión en las relaciones de pareja. Abordarlas de una forma abierta y con honestidad no solo ayuda a prevenir malentendidos, sino que también fortalece la conexión emocional y construye una base más sólida para el futuro de la relación.