Autoanálisis, para desarrollar la inteligencia emocional lo primero es conocerse, ser consciente de las propias emociones, identificarlas y analizar de dónde provienen. Autocontrol, otra de las bases de la inteligencia emocional, cuando uno es consciente de sus emociones es más fácil distanciarse de la situación que las ha provocado, lo que permite un mejor control emocional. Empatía, sin ella es imposible comprender a los que nos rodean ni tener unas relaciones sociales sanas, por eso es otro de los pilares de la inteligencia emocional. Manejo de las relaciones sociales, en casa, en la escuela, en el trabajo… cada día nos enfrentamos a situaciones muy diferentes en ámbitos distintos, así, otra de las claves de la inteligencia emocional es mejorar las habilidades sociales, la capacidad de trabajar en grupo, de resolver conflictos y persuadir. Motivación, la inteligencia emocional nos lleva a dirigir nuestros esfuerzos a conseguir lo que deseamos, mirando siempre a la meta con una actitud positiva. Optimismo, esa actitud positiva también se puede cultivar, nuestra inteligencia emocional crece cuando somos capaces de ver el lado positivo de las cosas, arrinconar esos pensamientos que ensombrecen nuestro camino, decir basta y pensar que todo lo malo acaba pasando. Aprendizaje, de los demás también se aprende, rodearse de personas que han desarrollado su inteligencia emocional ayuda a nuestro crecimiento personal, ellos nos pueden servir de guía en ese camino. Comunicación, es importante mejorar las habilidades comunicativas con los demás, aprender a expresarse correctamente y a identificar las emociones de los demás por sus posturas y sus gestos. Asertividad, en ese proceso de comunicación hay que ser capaz de dar un paso más para no solo expresar, sino defender ideas y derechos respetando siempre a los demás, inteligencia emocional implica también saber decir “no”. Práctica, todo lo que se aprende se debe practicar para interiorizarlo, la inteligencia emocional no es menos.