Desarrollar la escucha activa no es un trabajo fácil, pero sí posible y deseable. Usted puede aprender a ser un mejor oyente, pero aprenderlo no es como aprender una habilidad que se añade a lo que sabemos. Es un desprendimiento de cosas que interfieren con la escucha, nuestras preocupaciones, nuestro miedo, de cómo podemos responder a lo que oímos. Concentración en el emisor. Si queremos escuchar activamente, nuestro interlocutor debe ser nuestra prioridad, evitando caer en distracciones externas, como mirar el móvil, interrumpirlo para hacer un comentario a otra persona o revisar documentos mientras habla. Sin prejuicios. La clave de la escucha radica en no caer en conclusiones subjetivas o prematuras sobre lo que la otra persona está diciendo. Aprovechar los silencios. La ausencia de palabras contiene también información que puede resultarnos muy valiosa. Parafrasear. Quedarnos paralizados mientras nuestro interlocutor habla puede generar confusión en el emisor, que se planteará si el oyente realmente está escuchando lo que dice. Evitar el egocentrismo. La escucha activa, en cambio, promueve lo contrario, es decir, seguir preguntándole sobre su persona: ¿Qué piensas hacer? ¿Cómo te sientes? ¿Crees que tendrá consecuencias negativas?…