La vida trae consigo estrés incorporado, como enfermedades, accidentes, desamores y otras dificultades inevitables. Sentir estrés o ansiedad cuando nos golpea una de estas fuerzas oscuras es natural. El estrés en las relaciones es singularmente diferente. A diferencia del estrés causado por dificultades externas, el estrés en las relaciones es frecuentemente autogenerado y alimenta actitudes y perspectivas que pueden dañar la intimidad. La tensión mental no resuelta es el principal generador de estrés en las relaciones. En lugar de afrontar un problema preocupante con tu pareja, lo ignoras y dejas que se agrave. La tensión mental se acumula como un recipiente presurizado. Puede estallar en síntomas físicos perturbadores, como ansiedad flotante, dolores de cabeza, insomnio, hipertensión, paranoia o ataques de pánico. En la raíz de la tensión mental interna se encuentra el conflicto. Estás en conflicto contigo: tomas decisiones que no son buenas para ti, pero no puedes evitarlo. Temes el conflicto con los demás: evitas abordar conductas problemáticas en tus relaciones porque temes que expresar tus preocupaciones dañe la conexión o conduzca al abandono, la retribución o el castigo. El miedo al conflicto suele ser el resultado de un trauma infantil, trastorno de estrés postraumático o problemas de apego. Como resultado, te involucras en la negación, te adaptas a tu pareja o sacrificas tus propias necesidades para mantener la paz. Todo lo cual se suma a, más tensión mental.
Si los conflictos no resueltos producen tensión mental, desencadenando conductas destructivas, reacciones psicosomáticas y ansiedad sin control, la siguiente parada del tren del estrés son las actitudes tóxicas. Quejas constantes: nunca sientes satisfacción y siempre encuentras más de qué preocuparte. Almacenas resentimientos: la acumulación de rencores y culpas te agobian y te convierten en un mártir. Autodescuido: pones las necesidades de los demás por encima de las tuyas, descuidando tu propio bienestar. Aislamiento: te retiras del mundo y evitas el contacto social. Conducta controladora: intentas controlar a tu pareja en lugar de hablar de temas problemáticos.
Encuentra un experto en estrés. La comunicación saludable es una herramienta clave en estos esfuerzos, ya que ayuda a las personas a sentirse conectadas y comprendidas. Practica la reafirmación de tu personalidad: no todos los conflictos son perjudiciales. La reafirmación de tu personalidad puede aliviar el estrés y mejorar la intimidad. Comunica cualquier malestar: expresa tu malestar lo antes posible. Comparte tu ansiedad para que tu pareja pueda comprenderte mejor. Explora los miedos internos que generan tensión: exploramos las fuentes de estrés mental, como el trauma o el trastorno de estrés postraumático. Comprenderte mejor a ti mismo te ayuda a tomar decisiones que son saludables para ti y tu pareja. Involucra a tu pareja en la resolución de problemas: no te aísles, resuélvelos. Habla de tus preocupaciones y esto te acercará más a tu pareja. Desarrolla estrategias para tranquilizarte: ya sea meditación, ejercicio o salidas creativas, estas estrategias pueden ayudarte a controlar el estrés y la ansiedad. Al liberar la tensión física, también puedes liberar la tensión mental, lo que te dará una sensación de empoderamiento y capacidad. Hacer un inventario personal de tu estrés mental y resolverlo te ayudará a sentir más tus relaciones más fuertes y a sentirte con más control sobre ellas.