Siempre se debería llegar a un acuerdo satisfactorio con los suegros sobre los límites en que debe desarrollarse esa relación. Se trata, por tanto, de establecer territorios y respetarlos. Cuando surja alguna diferencia, busca un lugar tranquilo para reflexionar unos minutos. Cuenta hasta 10, si lo prefieres. Te servirá para organizar tus argumentos y defenderlos con calma, lo que siempre incrementa las posibilidades de convencer a la otra parte. Aunque sea difícil, hay que ejercitar la empatía. Ponte en el lugar de tus suegros o tus cuñados. Analiza qué provoca sus sentimientos y actitudes. Es probable que tengan que ver con la relación que ellos mantenían con tu pareja y que ahora ha cambiado. En ese caso, es él quien debe resolver el conflicto y tú dar un paso al lado. Se objetiva. Las tensiones no siempre las genera la familia política. Piensa si tus actitudes han podido mandar mensajes negativos, incluso aunque no tuvieras intención de hacerlo. Analiza en qué puedes mejorar. Es un error buscar la aprobación constante de la familia política porque tus decisiones terminarán estando condicionadas por ellos. Todos deberían respetar que los demás tienen sus propios puntos de vista y aceptar con educación los desacuerdos. Dos no pelean si uno no quiere. La frase es tan recurrente como útil. Responder a los desplantes o a las desconsideraciones de la misma manera resulta tentador, pero poco productivo. Céntrate en hacer respetar los términos básicos de esa relación sin llegar al desafío. Resta importancia a las críticas que recibas. Tal vez se hagan con la intención de ayudarte a mejorar en algún aspecto, aunque te parezcan innecesarias. Marca una línea roja. Todo tiene un límite y si la relación con la familia política se vuelve tóxica, si aparecen las faltas de respeto o las críticas malintencionados, lo mejor será romper tu relación con ellos, pero respetando que tu pareja mantenga el vínculo.