Para mí, la raíz de la empatía es la curiosidad. Se trata de saber cómo es la vida de otra persona en los detalles. Experimenta con la vida de otra persona. Ponte en la piel de otra persona, no sólo te pongas en ella. La empatía es una forma de comunicación. Demuestra a los niños que eres consciente de lo que están pasando, aunque no entiendas lo que sienten. Quiero que sepas que no estás solo. Y me gustaría saber cómo te sientes al respecto. La empatía también es una herramienta útil para averiguar lo que ocurre detrás del comportamiento de las personas. Os ayudará a ti y a tu hijo a trabajar en equipo para superar los obstáculos que surjan. Sin embargo, la empatía no es lo mismo que la compasión. Puede que sientas pena por tu hijo si muestras compasión. Le preocupa que su hijo esté disgustado o tenga dificultades con algo. La empatía no consiste en sentir pena por alguien, sino en comprender sus emociones. Para reaccionar con empatía, primero debes tener en cuenta lo que está viviendo tu hijo, tanto las luchas a las que se enfrenta como la forma en que éstas afectan a sus sentimientos. Las relaciones familiares requieren empatía y respeto. Intentar ponernos en el lugar de la otra persona no va a solucionar el problema de inmediato. Sin embargo, nos ayudará a comprenderlos mejor. Cuando hay problemas en casa, la empatía es una gran amiga. Ser empático no implica bajar el listón. Debe validar los sentimientos y las experiencias de su hijo y a la vez tener grandes expectativas al respecto. Si te comunicas con tu hijo y muestras empatía, reforzarás tu confianza en que es capaz y fuerte. La empatía, en su forma más sencilla, es la capacidad de ponerse en el lugar de otro y considerar sus pensamientos y sentimientos. Los padres deberían considerar la posibilidad de enseñar empatía y fomentar la inteligencia emocional en sus hijos por diversas razones. La inteligencia emocional, o cociente emocional, se considera más importante para el éxito en la vida que el C.I., o cociente de inteligencia. Se caracteriza como la capacidad de comprender los propios sentimientos y los de los demás, así como la capacidad de regular las propias emociones y practicar el autocontrol.