La inseguridad es un sentimiento común que casi la mayoría de las personas experimentará en algún momento y puede provenir de numerosas fuentes.
Generalmente, se presenta como falta de confianza, ansiedad e incertidumbre, aunque también puede traer consigo tensión y malestar.
Implica un nivel bajo de confianza en uno mismo y falta de seguridad, por lo que la persona en concreto presenta una imagen propia muy negativa, en la que no valora de forma objetiva sus capacidades, sus habilidades sociales, competencias o su capacidad para tomar decisiones.
Las inseguridades se desarrollan por la toma de una o más decisiones que han desencadenado consecuencias negativas para la propia persona o su entorno.
No existe una causa concreta para que el cerebro asuma ese tipo de mensajes, pero pueden influir varios factores.
La persona no es capaz de confiar en sus capacidades, virtudes y tiende a remarcar o exagerar aspectos que consideran negativos de sí mismos.
En algunos casos, las inseguridades se desarrollan por la toma de una o más decisiones que han desencadenado consecuencias negativas para la propia persona o su entorno.
Tras esto, la persona llega a la conclusión de que su criterio para la toma de decisiones no es fiable.
Esto implica que la toma de decisiones, a su vez, funciona de la misma manera: se pueden tomar malas decisiones y tener resultados caóticos o tomar buenas decisiones y tener unos resultados inmejorables.
Es común encontrar en las personas inseguras patrones educaciones exigentes en los que se desarrollan sentimientos de incapacidad de afrontar las diferentes situaciones de la vida cotidiana.
La persona perfeccionista y autoexigente dan lugar a una visión dicotómica de las cosas, solo pueden ser catastróficas o perfectas.