La presión arterial es algo que tengo que medir desde joven, desde los 16 años, y si hay antecedentes, desde la edad infantil o pediátrica.
La razón es que es un factor de riesgo modificable.
Hay determinados factores, como la edad o el sexo, sobre los que no puedo actuar.
Sin embargo, sí puedo hacer algo para evitar factores de riesgo como la presión arterial elevada.
Sobre todo porque partir de determinadas cifras de hipertensión mis posibilidades de tener un problema empiezan a duplicarse, y eso es lo que tenemos que evitar.
Si somos nosotros quienes nos medimos la presión arterial en casa debemos hacerlo con aparatos homologados y validados.
Además, para obtener una cifra real lo ideal es que la midamos en tres ocasiones consecutivas con un intervalo de dos minutos entre la primera, la segunda y la tercera ocasión.
Después, eliminaremos la primera medida y sacaremos la media de lo obtenido en la segunda y la tercera medida.
Si la máxima o sistólica de esa cifra resultante está por encima de 140 y/o la mínima o diastólica es más alta de 90, deberíamos acudir a nuestro médico porque se trata de un cuadro de hipertensión.
Sin embargo, si ya estamos diagnosticados como hipertensos y seguimos un tratamiento, las cifras que nos alertan de que algo ocurre son las que haya indicado nuestro médico para nuestro caso concreto, seguramente más bajas de 140/90.
Además de los recursos farmacológicos, nuestras rutinas saludables pueden reducir los niveles de presión arterial.
Los cambios en el estilo de vida nos ahorran pastillas.
Hay pacientes que solamente con ese cambio consiguen que su tensión vuelva a la nornalidad sin llegar a tomar pastillas.
Para mantener la tensión controlada hay que procurar mantener un estilo de vida saludable basado en las siguientes orientaciones:
Evitar el estrés crónico.
Está demostrado que el estrés crónico puede provocar una elevación persistente de la presión arterial.
Controlarlo es fundamental, por lo que si es necesario hay que consultar con un psicólogo o psiquiatra.
Alimentación sana.
Eliminar o al menos disminuir la cantidad de sal de la dieta es una de la principales medidas a tomar.
La reducción del consumo de sal a 5 gramos por día disminuye la tensión arterial en hasta cuatro o cinco milímetros de mercurio.
Junto a ello son eficaces otras medidas como la disminución del consumo de alcohol, el aumento del consumo de frutas y verduras y el control del peso.
Más ejercicio.
Aumentar la actividad física es clave si somos sedentarios.
Un ejercicio físico aeróbico habitual es muy beneficioso para controlar la tensión si se hace todos los días, adaptándolo a la edad y circunstancias de cada persona.
Entre los más recomendables está caminar durante 30 minutos diarios a una velocidad moderada.
Abandonar el tabaco.
Además de muchos otros efectos nocivos, el tabaco provoca un incremento agudo de la tensión arterial y la frecuencia cardiaca que persiste más de 15 minutos después de fumar un cigarro.