Tener en cuenta la gravedad de la mentira: no es lo mismo decirte que no he visto el capítulo de la serie que vemos juntos cuando en realidad no me he podido resistir y sí lo he visto, a decirte que el dinero que hemos ahorrado para las vacaciones se lo he prestado a mi hermana en lugar de asumir que me lo he gastado en el bingo.
Es importante valorar la importancia de la mentira e intentar entender el motivo de la misma.
Colocarnos en una actitud de escucha, es un factor de protección antimentiras: es importante que, ante las conversaciones con nuestra pareja, no nos coloquemos a la defensiva sino de escucha generando un clima de comprensión, favoreciendo la expresión y la transparencia.
Si yo sé que te vas a enfadar mucho y vamos a tener una gran discusión si te digo que he roto el jarrón que te gusta, probablemente piense que sea mejor ocultarlo.
Por el contrario, si sé que, aunque te enfades, vamos a poder hablarlo y no va a llevar a un gran conflicto, me resultará más fácil decirte la verdad.
Perdonar: esto nos ayuda a no vivir con rabia y malestar, sino aceptar lo que ha ocurrido y aprender a vivir con ello.
Eso no significa que me resigne ni que lo olvide, ni que no haya consecuencias, por supuesto tendremos que realizar la parte de toma de decisiones y, si corresponde, trabajar por reparar la relación.
Centrarse en el presente: igualmente, aunque hayamos perdonado la mentira, puede aparecer su sombra generándonos malestar al tener recuerdos del pasado.
Es importante centrarnos en el aquí y en el ahora.
Tomar decisiones y ser consecuentes con lo decidido: en función de la gravedad de la mentira y las consecuencias, tendremos que decidir si realmente deseamos continuar con la relación y trabajar por reparar los daños y volver a confiar o, en caso contrario, ponerle fin.
Si hemos decidido continuar con nuestra pareja y perdonar la mentira, no podemos sacarla de forma constante cuando algo vaya mal ya que eso lo único que hará será enquistarnos en esa mentira y no poder superarla.