Debemos ver el lenguaje no verbal como un reflejo de nuestra situación, es decir, como una demostración física de aquello que no reflejamos por medio de nuestras palabras. Controlar y definir los factores comunicativos referidos al comportamiento no verbal es posible, pero para conseguirlo debemos estar seguros de nuestras capacidades verbales y conocer su significado. La cara es el reflejo de lo que sentimos. Una expresión tensa puede reflejar inseguridad y por lo tanto, la comunicación verbal pierde credibilidad. El contacto visual y una sonrisa relajada son la mejor manera de sentirnos cómodos y emitir seguridad. La postura corporal debe ser activa sin ser tensa. No te apoyes en elementos externos, es mejor mantenerse lejos de cualquier superficie en la que pudiéramos apoyarnos y mantener una actitud activa, sin que la posición corporal se perciba como tensa. Modula el tono de voz. La voz sirve para introducir y subrayar partes del discurso. Un tono mantenido durante muchos minutos hace que el argumento pierda intensidad, por lo que es recomendable variar la intensidad de la voz, evidentemente sin caer en exageraciones. Las manos son también un buen indicador de nuestras capacidades no verbales. Un consejo clásico es el de sostener un objeto, aunque esto puede resultar contraproducente debido a que puede distraer a los oyentes, el objeto puede temblar, etc., sin embargo en algunos casos se recomienda, ya que puede servir como un objeto sobre el que apoyar nuestros movimientos, que además mantiene ocupadas nuestras manos. En este caso cada persona debe decidir en relación a sus capacidades. No solo es posible mejorar la comunicación no verbal, sino que además es muy útil. Comunicar con nuestros gestos nos ayuda a reforzar nuestros argumentos, a no delatarnos con movimientos que contradigan nuestro discurso y además, nos ayudan a superar el miedo escénico.