Si bien las relaciones entre hermanos se cuentan entre las más duraderas, la lealtad intensa suele ir acompañada de conflictos intensos, y las heridas pueden ser profundas. Una investigación que se publicó en un ejemplar del 2020 de la revista Journal of Family Psychology reveló que el conflicto entre hermanos que son adultos mayores se vinculaba, en parte, a síntomas de depresión, ansiedad, hostilidad y soledad. Con frecuencia se considera que los primogénitos son —y a veces se exige que sean— los responsables, los que deben cumplir las reglas, dar el ejemplo y cuidar a sus hermanos menores. Puede existir presión sobre el hermano mayor para que asuma la responsabilidad del cuidado, y puede haber cierto resentimiento por ello. Si los hermanos sienten que hay una cantidad limitada de algo —como amor, apoyo, afecto o recursos básicos—, pueden sentir que deben competir con sus hermanos para obtenerlo, sobre todo si los padres no fueron muy generosos con el amor, el afecto, los elogios o el apoyo. Para quienes “crecieron en épocas difíciles y recesiones, esto puede ser aún más acentuado cuando se trata de recursos materiales”. Un estudio de la Universidad de Cornell reveló que el 70% de las madres de 60 a 79 años sentían más apego por un hijo que por otro.