El autodominio, también conocido como autocontrol, es la capacidad que tiene el individuo para regular de forma consciente y voluntaria los impulsos y las emociones, los estados de ánimo y sentimientos y, también, para retrasar voluntariamente las gratificaciones, yendo más allá del placer inmediato mientras se persigue un objetivo superior en el futuro.
El término autocontrol se compone de la unión de dos vocablos que provienen de idiomas diferentes.
En segundo lugar, se halla la palabra "control" que emana del francés y que es sinónimo de dominio y control.
En resumen, el autodominio o autocontrol podría definirse como la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria, con el objetivo de alcanzar un mayor equilibrio personal y relacional.
Una persona con autodominio puede manejar sus emociones y regular su comportamiento.
Controlar las emociones no quiere decir suprimirlas.
El control de las emociones es algo muy distinto de su supresión.
Significa comprenderlas y, luego, utilizar esta comprensión para transformar las situaciones en nuestro beneficio.
Para Goleman, las dos habilidades primarias de la "autorregulación" están en el corazón de cinco aptitudes emocionales que son:
1- Autodominio.
Manejar efectivamente las emociones y los impulsos perjudiciales.
Gestionan de manera adecuada sentimientos impulsivos y sus emociones conflictivas.
Permanecen equilibradas, positivas e imperturbables aun en los momentos más críticos.
Piensan con claridad y permanecen concentrados a pesar de las presiones.