La autoexigencia surge de la combinación de las presiones externas junto con el miedo hacia lo incontrolable. La autoexigencia tiene que ver con el miedo a la incertidumbre, porque una forma de intentar tapar este miedo es asumir metas difíciles de alcanzar, con el fin “falso” o casi imposible de querer controlar la situación. Las normas que vamos aprendiendo a lo largo de nuestras vidas se pueden traducir, o no, en presiones.
Todo depende de cómo uno interiorice los mensajes que se le presenten desde las diferentes fuentes externas, que son las siguientes: Sociedad, Cultura, Educación Familiar, Educación Escolar, Relaciones sociales, Eventos que nos han marcado.
Cuando uno genera autoexigencias que le interfieren en su vida, los presenta como “debo” o “tengo que”.
Se diferencia de los valores en que estos son flexibles, elegidos libremente y más basados en la compasión; si un día “fallamos” no ocurre absolutamente nada porque entendemos que somos humanos.