Deja que se equipoquen. A veces nuestra sobreprotección hace que haya pocas ocasiones en las que los niños se tengan que enfrentar ante la frustración y eso no ayuda a la hora de practicar a lidiar con ella. Ayúdales a identificar sus emociones. Hay muchos juegos, como el semáforo de las emociones o el dado de las emociones, que les ayudarán a saber cuándo se sienten tristes, qué deben hacer para estar mejor o a valorar los momentos en los que están contentos. Normalizar el hecho de perder. Mientras jugamos con ellos hay que quitar hierro a ganar o perder y enfocarlo mucho más en lo divertido que es el juego. Eso incluye que, cuando gane el adulto, no exprese tristeza o rabia por perder, sino que debe usar frases como vaya, has jugado mejor o la próxima vez ya sé que no tengo que moverme tan pronto. Disfrutar del camino, no solo de la meta. En consonancia con lo anterior, debemos elogiar su esfuerzo y sus acciones durante todo el juego, no solo si ganan al final. Enseñarles a relajarse. Salir del bucle de frustración no es sencillo, pero hay algunas prácticas de relajación para niños, como la técnica de la tortuga, que son muy interesantes. Leer es una de las mejores formas de trabajar la inteligencia emocional con los niños y las niñas. Para lograrlo hace falta que se identifiquen con los personajes de la historia y es mucho más sencillo si el cuento es personalizado. Un cuento ideal para trabajar la emociones es La búsqueda del tesoro, ya que el niño o la niña protagonista emprende un viaje por los mares conociendo a sirenas, duendes, árboles milenarios y muchos otros personajes, cada uno con su propia personalidad y sus problemas. Los juegos en equipo también son muy beneficiosos, ya que además de reforzar el trabajo en equipo y la búsqueda de un objetivo común, les ayudan a suavizar la frustración y a ir interiorizándola como parte del juego. En niños un poco mayores, juegos de mesa como La Oca o el Parchís también son muy beneficiosos, ya que además hay un factor de suerte en el que no pueden influir y deben aprender a asimilar. No les dejes hacer trampas ni a volver a tirar los dados para que, poco a poco, su tolerancia a la frustración sea más madura. ¡Solo practicando aprenderán!