Las personas frustradas suelen reaccionar con sentimientos de ira ante la incapacidad de lograr lo que querían. Además, esta frustración puede acabar en ansiedad y otros problemas que, si persisten en el tiempo, deberían ser tratados por un profesional. La frustración se define como aquel sentimiento que surge cuando no podemos satisfacer nuestros deseos. Ante ella, las personas afectadas reaccionan con ira y ansiedad, principalmente. Existen también las personas con baja tolerancia a la frustración. Estas tienen en común una serie de características, tales como la dificultad de controlar sus emociones, la predisposición a desarrollar ansiedad o depresión e incluso una baja capacidad de flexibilidad, por ejemplo. Un individuo con esta característica, además, se desmotivará más fácilmente ante cualquier obstáculo que se presente en su camino y puede que opte por el chantaje emocional si no consigue lo que quiere. El carácter de la persona puede provocar frustración. Puede que el individuo tenga un temperamento propenso a la frustración. Dificultades a la hora de expresar sus emociones y de identificarlas, lo que impide gestionarlas correctamente ante situaciones desagradables. Déficits en cuestiones de autocontrol en las emociones.