El paso de los años, la llegada de la jubilación y el deterioro de la salud tienen un impacto psicológico sobre las personas mayores. Puede aparecer depresión, problema de ansiedad y baja autoestima. El mero hecho de ver cómo son mermadas las capacidades físicas y, en algunas personas, también mentales, hace que la persona empiece a desvalorizarse, creyendo que ha dejado de ser útil y puede, incluso, ser un estorbo para los demás. Esto hace que la autoestima baje, por lo que afectará a todas las áreas de su vida, retroalimentando la sensación de poca valía. Uno de los principales problemas asociados a la tercera edad es la baja autoestima como consecuencia de la valoración subjetiva que la persona hace de sí misma, influida por todos los cambios y el momento vital en el que se encuentra. En esta etapa aspectos sociales, laborales, físicos y mentales forman un cuarteto que predispone a emociones negativas y baja autoestima. No estar en un periodo activo, ver cómo su vida social disminuye y su cuerpo sufre el paso del tiempo hace que nos veamos peor y empecemos a perder el cariño y la aceptación por nosotros mismos.