Aclarar que es normal: puedes sentirte incómodo con las personas con quienes tienes un vínculo sanguíneo y no tiene que ser algo malo, ya que primero debe ir tu salud mental.
Respirar: uno de los síntomas más comunes de la ansiedad es la desregulación de la respiración, lo cual puede generar malestar físico intenso.
Por eso, bajo cualquier situación de presión debemos respirar profundo, pausado y de manera consciente, para evitar el malestar.
Saber quienes somos: usualmente la ansiedad en contextos familiares tiene que ver con sentirnos atacados por críticas por parte de la familia; pero, tener claro quienes somos, que pensamos y que nos gusta, nos permite ser más fuertes ante estas situaciones.
Está bien pensar distinto: no siempre vamos a coincidir con las personas, pero eso no debe ser sinónimo de malestar, así como nadie te puede obligar a pensar o entender algo de una manera, tú tampoco puedes hacerlo.
A veces, lo mejor que puedes hacer es acordar en que sí se está de acuerdo.
Soltar: a veces alguien inicia una discusión y empezamos un proceso de escalada en el que cada persona intenta superar en argumentos, volumen o agresividad a la otra persona y esto solo puede genera más malestar y puede terminar en peleas agresivas.
Límites: si definitivamente identificas que tu familia es un ambiente muy adverso, que te expone a mucho estrés, está bien reducir el contacto, extraerse del contexto en la medida de lo posible con el objetivo de cuidar de ti mismo.