Pase tiempo con ellos, hágalo todos los días, incluso aunque solo sea durante unos pocos minutos. Hagan juntos cosas que los dos disfruten. Salgan a caminar, cocinen, coman, jueguen; o simplemente pasen tiempo juntos. Encuentren formas de sonreír y reír juntos. Pregúnteles en qué están pensando. Ayude a los niños a ponerle nombre a lo que sienten y piensan. Escuche con paciencia. Cuando los niños y adolescentes deseen hablar, escuche con toda atención. Deles tiempo para que puedan expresar sus pensamientos y sentimientos. Valide, hágales saber a sus hijos que comprende. Dígales que está bien sentir lo que sienten. Explíqueles que sus sentimientos son normales. Ayude a los niños a pensar cómo manejar las cosas. Ayúdelos a sentirse capaces. No entre en escena para resolverles las cosas. Por el contrario, invite a los niños y adolescentes a pensar qué pueden hacer. Apoye sus buenas ideas. Hablen para resolver las cosas juntos. Recuérdeles los momentos en los que intentaron algo nuevo y les fue bien. Ofrézcales ayuda si es necesario. Ayúdelos a practicar. Cuando sea posible, ayude a los niños a dividir las cosas nuevas en pequeños pasos. Permítales practicar paso a paso a medida que avanzan hacia el objetivo. Celebre cada éxito. Anímelos. Felicite a sus hijos por su esfuerzo y su avance. Dígale qué hicieron o dijeron que lo hizo sentir orgulloso. Ayúdelos a relajarse para que el estrés y las preocupaciones no se acumulen. Ayúdelos a esperar cosas positivas. Tranquilice y consuele. A veces, los niños y adolescentes se sienten abrumados por las preocupaciones. En esos momentos, es muy probable que no sirva de nada intentar hablar para aliviarlos. Tal vez sea mejor ofrecerles consuelo y comprensión. Recuérdeles que está allí para ayudarlos con lo que esté ocurriendo. Enséñeles a respirar con calma para relajar su mente y su cuerpo.