Querer ayudar a tu pareja, tu madre, tu hermano, amigo o cualquier persona con ansiedad es una buena señal de empatía. Para lograr ser un apoyo intenta ser abierto y no reacionar igual a episodios de irritabilidad. Busca asesoría profesional, sugiere actividades que le permita sentirse más tranquilo y siempre escucha con disposición. Después de escuchar, habla con asertividad, es decir, en positivo, con respeto, con voz firme pero serena.
Evita decirle que se calme a una persona con ansiedad, ya que puede ser contraproducente. Intentar decirle que se tranquilice lleva a la persona con ansiedad a frustrarse aún más, precisamente por no poder hacerlo; además de sentirse juzgado.
Puedes decirle “Si me necesitas, acá estoy para ti”. “Te apoyo y te quiero. Aquí estoy contigo”. Normaliza lo que le está sucediendo y guíalo para que pueda afrontar la situación y pueda tratarla. También puedes decir “Es normal lo que sientes y podemos trabajar juntos o buscar apoyo profesional, en el momento que estés listo”.
Escuchar es primordial. Y aunque algunas veces una persona con ansiedad preferirá ocultar sus sentimientos de preocupación, tristeza o miedo por ser consideradas como negativas o inmaduras, si deseas ayudarla permite que hable, invita a comunicar lo que siente.
De la noche a la mañana la persona con ansiedad no va a mejorar. Que le sugieras realizar técnicas de relajación, de respiración o ir a terapia no quiere decir que vaya a tener resultados inmediatos. Necesita dedicación, compañía y tiempo. Así como un espacio propio. El proceso de recuperación es individual, no compares, no presiones. Solo apoya y comprende.
Tienes buena intención y eres un gran apoyo. En algunos casos, también es fundamental recibir guía de un profesional, de alguien con formación clínica especializada. Consultar con un psicólogo será un gran inicio para ayudar a mejorar la ansiedad de tu amigo, tu pareja o tu familiar.