Si por alguna causa se decide iniciar tratamiento con benzodiazepinas en un anciano, las de elección son el lorazepam y el oxacepam, por su vida media más corta, la ausencia de metabolitos activos y porque la edad no se asocia con trastornos en su eliminación. La segunda generación de antidepresivos, especialmente los inhibidores selectivos de la receptación de la serotonina, han demostrado su eficacia en los trastornos por ansiedad en pacientes jóvenes, lo que permite suponer que son igualmente eficaces en pacientes ancianos. Se inicia con dosis bajas para evitar exacerbar los síntomas de ansiedad y asegurar la tolerancia al tratamiento. Tras 4-6 semanas se debe evaluar la respuesta, y en caso de no ser satisfactoria, aumentar la dosis progresivamente. Es habitual el empleo simultáneo de una benzodiacepina y un ISRS al inicio del tratamiento, para retirar la primera cuando los síntomas han cedido, prosiguiendo posteriormente el tratamiento con el antidepresivo durante un periodo más prolongado, generalmente de un año.