Piensas demasiado, no le des tantas vueltas. Respira y relájate. Intenta hacer cosas para distraerte. Intenta cambiar la actitud y estar más contenta/o. Qué exagerada/o eres. Eres un poco dramática/o. Todos tenemos problemas. Hay cosas peores. Qué ridículo, ¿cómo puedes pensar eso? Solo es ansiedad, no es para tanto. Bueno, no es para tanto, yo también me agobio a veces. Tómate una pastilla a ver si así te tranquilizas. Te lo tomas todo a la tremenda. Siempre estás igual, ya hablamos de esto. Eres demasiado sensible. Todo te afecta. No es para que te pongas así. Lo que tienes que hacer es tranquilizarte. No tengas miedo. No te rayes. Quítale importancia y lo verás diferente.
Invalidación. Primero de todo, una de las cosas que estamos haciendo con el uso de estas frases y similares, es invalidar el estado emocional en el que se encuentra la otra persona, es decir, es como si de alguna forma, le estuviésemos haciendo llegar que aquello que está sintiendo no debería de estar sintiéndolo, y que está mal que lo haga, pudiendo generar en la persona una sensación de que aquello que siente está mal, es algo raro, e incluso de “locura”, pudiendo favorecer el que la persona tienda a evitar compartir lo que siente, que lo rechace y/o lo minimice, pudiendo generar mayores problemas de salud mental y física.
Romantización. También, dentro de la invalidación e incluso ubicándolo en cierta romantización, tendemos a creer que la ansiedad es agobio, inquietud, estrés, nervios… y se está sobre-utilizando el término ansiedad para referirse a otros estados emocionales que dentro de que la ansiedad pueda presentarse con esa forma, son distintos.
Rechazo. Por otra parte, le estamos mandando el mensaje de que rechazamos el que se nos hablen de preocupaciones, problemas, malestares… haciéndole llegar que no es un espacio seguro sobre el que pueda volcar sus temores, y, por ende, favorecemos el que la persona sienta que sus miedos se los tiene que solucionar sola o con medicación, pero que ayuda, acompañamiento y apoyo externo/social no va a tener.
Estigmatización. Y, por último, tendemos a la estigmatización. Transmitimos la idea de que las personas que tienen ansiedad la tienen porque son demasiado sensibles o débiles, porque “todo se puede solucionar” con respirar, relajarse, no rayarse o mirar las cosas con otra actitud, y que, si no están pudiendo solucionarla haciendo eso, el problema es únicamente de ellas, y, por lo tanto, vuelven a sentirse rechazadas y solas y a poner en cuestionamiento su capacidad, su fortaleza, su sensibilidad, su poder, su esfuerzo…