La salud no es solamente la ausencia de una enfermedad, sino un equilibrio entre el bienestar físico, mental y emocional.
Estos tres pilares son fundamentales en cualquier etapa de la vida, pero debemos prestar especial atención en nuestros familiares que se encuentran en la tercera edad, porque son una población con gran vulnerabilidad.
Esto es porque muchas veces no pueden cuidarse a sí mismos y requieren de apoyo para lograrlo.
Un adulto mayor que empieza a caminar con dificultad, tener poca energía y perder peso, está cayendo en la fragilidad y debemos intervenir para que no progrese.
La fragilidad los lleva a perder autonomía y bienestar físico, lo que también puede conducir a un deterioro emocional.
No debemos confundir la tristeza con la depresión, y una persona con depresión tiene alteraciones en el sueño y apetito, no tienen deseo de hacer las cosas y su calidad de vida se deteriora.
La depresión en el adulto mayor, también puede ser el inicio de una enfermedad neurodegenerativa como alteración en la memoria, demencia o Parkinson.
Las fallas en la memoria no son normales a ninguna edad.
Un adulto mayor tendrá un poquito de menor velocidad para contestar cosas o resolverlas, pero no debería presentar fallas más serias.
Cuando estas actividades se empiezan a alterar, es porque el desempeño mental se está reduciendo.