La lealtad familiar es ser leal o fiel a la familia, es decir, ser fiel a aquello que es dicho, decidido, opinado o hecho en tu familia.
La lealtad familiar surge porque existe una fuerza poderosa a la que todos tememos: la exclusión.
Hay un precio importante a pagar cuando no eres leal a la familia: ser excluida, dejar de pertenecer.
Muchas personas temen pagar ese precio porque viven desde la niña que desea reconocimiento, aprobación, cariño o, en otras palabras, porque esperan afuera lo que seguramente no se dan.
Entonces, esto es un amor ciego e infantil que, en resumen, es sufrimiento, un martirio, una renuncia a los deseos más íntimos y, por supuesto, privarse a sí mismo y de sí mismo.
Repites porque te cuesta despedirte del mandato, porque temes que al hacerlo diferente te juzguen, critiquen e incluso, dejen de hablarte.
Porque le has dado fuerza a los temores y heridas infantiles en lugar de ocuparte de ti como la adulta que eres.
Repites porque te ha costado tomar lo esencial del más maravilloso regalo que te han dado: tu vida.
O porque sientes que al no ser leal, dejarás de tener familia.
Y eso, mi querida, es un amor infantil, ciego y que, al final, te quita mucha fuerza vital.
Sí, claro que sí se puede salir de la repetición.
Lo primero es tomar consciencia, es salirte de la visión de víctima, de autosabotaje o de sufrimiento…es permitirte trabajar en ti, dándote el permiso de transformarte.
Es allí donde requieres valentía, amor propio y sabiduría.
No estás condenada a nada, estás constantemente llamada a una transformación.