En este sentido —y a modo de ejemplo— podemos imaginar a aquella pareja que no le dice a sus padres que están comprando un piso pidiendo una hipoteca, porque en su familia ha habido una educación y un legado de generación en generación, en relación a la filosofía de no tener ningún tipo de deuda, así que o se alquila o se compra cuando hay dinero para ello. Ocultan el decírselo para no ser desleales a esa tradición familiar. Otra pareja que tiene que enfrentarse a malas caras, comentarios indirectos, chantajes, etc., de los padres de alguno de ellos, porque han decidido no ir a comer todos los días con ellos, cosa que siempre se había hecho así. O también la dificultad de alguien para expresar realmente lo que siente en un entorno familiar donde nunca se habla de sentimientos, y además se piensa que debe ser así, ya que el que lo hace es débil. O la mujer que tiene que llevarse a su padre a vivir con ella en vez de llevarle a una residencia, a pesar de que vive sola y está con problemas de huesos, y trabaja muchas horas al día y su casa no reúne las mejores condiciones para que viva una persona mayor, pero ¿cómo va a llevar a su padre a una residencia, o turnarse en el cuidado del mismo, después de lo mucho que hizo él por ella?. No es que sea partidario de esta opción pero hay que ver cada caso, de hecho estoy pensando en alguien que, tras haber tomado esa decisión por lealtad, le llevó a una depresión acompañada de una amplia sintomatología psicosomática que hizo que no pudiera dar la atención adecuada a su padre. Pero es que “en nuestra familia nunca a nadie se le dejó tirado en una residencia” O, el chico que decide estudiar magisterio, para ser profesor, siguiendo la estela de su madre y su abuela, y del bisabuelo que aunque no era profesor titulado, tenía su propia escuela particular, pero que una vez consigue el título y empieza a trabajar se le ve infeliz, te dice que no es lo suyo, aunque con timidez y como con atrevimiento, pero: “Era lo que tenía que estudiar” si no quería seguir la otra línea de la familia, que era la fontanería. El peso de la tradición familiar fue tal, que sin que nadie le impusiese que estudiara magisterio, lo hizo igualmente. Conversando con detenimiento, se pudo ver en él que ese no era su verdadero deseo pero que algo le impulsó a hacerlo como si fuera lo que tenía que hacer. ¿Una lealtad invisible?