Lo primero que debemos hacer ante un adolescente siempre preocupado, nervioso e irritable es sospechar un posible trastorno, aunque creamos que no tiene motivos. La ansiedad surge no ante grandes problemas, sino ante cualquiera, por pequeño que sea, que no somos capaces de afrontar.
Es importante favorecer la comunicación en casa. Si empezamos por expresar nuestros sentimientos y afectos, crearemos un clima propicio para que él pueda hablar, cuando lo desee, de los suyos.
Hemos de evitar los mensajes amenazantes del tipo: “si no apruebas este examen, tendrás que repetir curso” o “tu futuro depende de ello”, que solo consiguen aumentar su ansiedad.
Si lo que sucede es que se ha marcado unos objetivos difíciles de cumplir, podemos sugerirle “trocearlos” en acciones más pequeñas.
Es importante que él participe en esta “lluvia de ideas”: si nosotros proponemos, él debe hacer lo propio.
No hay que olvidarse, al organizar las tareas, de dar cabida al deporte y el descanso, ambos muy eficaces para disminuir la ansiedad.
También es buena idea ofrecerle trucos para limitar el tiempo que pasa en las redes sociales.
Recomiéndale establecer un “horario de desconexión” o recurrid a algunas aplicaciones que facilitan esta tarea y pueden ser de ayuda.
Le ayudará organizar el tiempo y las tareas y hacer listados de objetivos fáciles de cumplir.
Hay que recordar que ayudar a los hijos a resolver un problema no es solucionarlo nosotros.
Todo este “plan de acción” que habéis elaborado juntos requerirá esfuerzo por su parte.
Por tanto, deberás convencerle de que, con ese esfuerzo para el que está preparado, será capaz de superar el reto y de que se sentirá muy bien cuando lo logre.
La Sociedad para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés aconseja, además, iniciar un entrenamiento en técnicas cognitivas y de relajación.
El objetivo del entrenamiento cognitivo es aprender técnicas para controlar la ansiedad.
Por ejemplo, interpretar situaciones de una manera menos amenazante o identificar pensamientos negativos o tendencias que nos generan estrés para aprender a cambiarlos.
Los psicólogos y especialistas en esta práctica también enseñan habilidades para solucionar problemas o tomar decisiones.
En cuanto a las técnicas de relajación, consisten en aprender a respirar correctamente, soltar los músculos o disminuir la actividad fisiológica.
Una vez aprendidas, deben practicarse todos los días, especialmente en los momentos en que nos encontramos peor, para disminuir la ansiedad.