El síndrome del abuelo esclavizado se traduce a “esa obligación moral, esa presión que sienten los abuelos por cuidar a sus nietos, que puede venir de forma directa impuesta por sus hijos o porque vean que realmente sus hijos necesitan ayuda.
Poner límites, como lo hizo Cayetana, no es una tarea sencilla.
Muchos abuelos se sienten culpables de decir que no, por lo que terminan cediendo ante sus hijos para convertirse, sin quererlo, en los criadores y cuidadores principales de sus nietos.
“El abuelo muy autónomo, que hace su vida, que viaja, que le dice que no de entrada a ese rol cuidador a los hijos es visto todavía culturalmente como un abuelo egoísta.
Un abuelo que prima su propio confort, su propio bienestar y que un poco, deja al margen a sus hijos.
Es una apreciación en muchos casos injusta”, manifestó Manuel Sánchez Pérez, presidente de la Sociedad Española de Psicogeriatría.
No obstante, Sánchez Pérez afirmó que los adultos mayores que se niegan a tomar esta posición, están defendiendo su derecho a una jubilación digna, saludable y a poder disfrutar del tiempo extra de no tener que trabajar, lo que es “perfectamente legítimo”.
Por su parte, García Navarro comentó que se trata de un problema muy común en países Mediterráneos y de Latinoamérica, donde prevalece el pensamiento de que “la familia somos todos y todos tienen que arrimar el hombro, a cualquier edad”.