A los hijos no se les puede dar todo cuando éstos quieran y de una manera inmediata, hay que enseñarles a valorar cada acto, cada momento y etapa de la vida, que aprecien el sacrificio que por ellos se hace. Deben de comprender, y cuanto más jóvenes mejor, que la vida no es de color de rosa y que todo cuesta, que todo tiene un precio, que todo se logra con sudor y con un gran esfuerzo. A los padres que ya están sufriendo el abandono de sus propios hijos, sólo queda decirles que seguramente llegará el día en que sus hijos ingratos se den cuenta de que los padres que tuvieron fueron realmente los mejores padres del mundo. Si eres un hijo o una hija adulta, y te sientes identificado, entonces posiblemente seas un hijo o una hija con suerte porque aún estás a tiempo de acercarte a tus padres, acércate a ellos porque tenerlos es como tener un pedacito de Dios. Si eres joven y aún no tienes hijos, sé buen hijo porque seguramente algún día serás padre o madre, y este dolor que tus padres sufren hoy, pudiera ser también tu dolor en un futuro. Es necesario que sepan que un día habré de marcharme; no quiero que entonces lloren sobre alguien que añoró las caricias, las palabras, las visitas, un abrazo,… y que se fue mendigando el fruto de lo que sembró.