La respiración es una de las estrategias más efectivas de control emocional. Es el clásico “antes de responder, cuenta hasta 10”. Si te enfrentas a una situación complicada, suelta todo el aire que tengas acumulado e inspira fuertemente. Aguanta durante unos segundos, vuelve a soltar todo el aire y repite este proceso hasta que consideres que estás lo suficientemente preparado para enfrentarte a la situación que te ha hecho sentir nervioso o inquieto. Evita las situaciones que sabes que no te van a sentar bien – ¿Ir a una fiesta con gente que te irrita? ¿Una comida en un sitio que detestas? A veces, lo mejor es decir que no. Piensa en situaciones que te provoquen emociones positivas – Una vez que nos damos cuenta de que estamos enfadados o irritados, podemos empezar a controlar esa emoción. Ensaya mentalmente las situaciones a las que podrías enfrentarte – Cuando sabes que algo es inminente, ensaya mentalmente cómo vas a actuar. Sé empático – La empatía es fundamental para evitar que situaciones cotidianas te pongan de los nervios. Detención del pensamiento – A veces, nuestro principal problema es que somos incapaces de dejar de pensar en lo negativo. Busca el lado positivo de las cosas – Puede que te ocurra algún tipo de situación que de primeras sea negativa, pero búscale el lado positivo. Delega en los demás – No intentes asumir por voluntad propia más responsabilidades de las que te corresponden. ¿Has pensado en el mindfulness? – El mindfulness es una filosofía que consiste en aceptar los hechos tal y como son, sin juzgar si son correctos o no. Recuerda: no hay que evitar las emociones, hay que manejarlas – Todas estas tácticas te ayudan a manejar las emociones, no a ocultarlas y olvidarte de ellas.