Las crisis de identidad pueden presentarse a lo largo de toda nuestra vida, fruto sobre todo de cambios significativos y disruptivos. No obstante, la crisis de identidad suele asociarse a la adolescencia, ya que ésta es una época de grandes incertidumbres en la que se está gestando el desarrollo de la personalidad. Entendemos por crisis de identidad aquel momento de malestar emocional en que nos cuestionamos el sentido de nuestra propia existencia, manifestando patrones de pensamiento que pueden suponer un impedimento en nuestros quehaceres diarios. Este cuestionamiento y malestar vienen acompañados de grandes dudas, así como de un profundo sentimiento de vacío y de soledad. Si bien es cierto que una crisis de identidad es completamente personal y cada uno lo experimenta de forma distinta, existen una serie de síntomas comunes que podemos enumerar. Tal como veníamos comentando, el principal aspecto es la presencia intrusiva de pensamientos acerca de la propia existencia. El resto de la sintomatología dependerá de esta sensación de pérdida y malestar emocional. Recogemos a continuación los más habituales: Síntomas relacionados con la ansiedad Sensación de pérdida de rumbo vital y desorientación Sentimiento de vacío existencial Astenia (debilidad generalizada que dificulta el realizar las tareas habituales). Tristeza o depresión Dudas y dificultad para tomar decisiones, incluso las más sencillas Desarrollo de inseguridades y falta de confianza personal Ser víctima de comparaciones constantes Desmotivación general Inestabilidad emocional