La identidad es un proceso que comienza en la niñez y se va desarrollando a lo largo de la vida. El individuo evolutivamente, va pasando desde que es un bebé hasta la adultez por distintas etapas, que tienen que ser resueltas satisfactoriamente. En cada fase hay una crisis de identidad, que requiere que se equilibre un rasgo positivo con otro negativo.
La confusión de la identidad, es decir, cuando la persona siente que tiene confusión respecto a quién es, puede surgir por diversos factores que impiden un determinado desarrollo. Lograr la identidad significa que ha habido varias resoluciones: elección de una ocupación, adopción de determinados valores en los que creer para darle sentido a la vida y el desarrollo de una identidad sexual satisfactoria y definida.
La autoestima es el grado de afecto y consideración que una persona tiene hacia sí misma, es un componente más emocional. La autoestima se forma por sentimientos, pensamientos y evaluaciones que realiza el individuo sobre su persona y sobre la valoración que realiza de sus capacidades, habilidades, logros y desempeño.
Si la percepción y valoración que uno hace de su propia persona, en general, es de tipo negativo, tendrá una autoestima baja. Por el contrario si lo que percibe sobre sí mismo es positivo, tendrá alta autoestima.
El estilo de crianza de los padres en los primeros años del niño va a ser determinante en la cantidad de autoestima que va a tener ese niño. Si el niño se cría en un ambiente en el cual se le reconoce, se le quiere y se le respeta, más tarde ese niño tendrá una alta autoestima. Por el contrario, si no se le reconoce, ni se le respeta ni quiere, ese niño, con alta probabilidad, presentará una baja autoestima, debido al mensaje parental negativo que ha recibido.