Lo primero que debemos saber es que para poder llevar un proceso de duelo más saludable, necesitamos siempre hablar con la verdad, explicar qué pasó con el abuelo, por qué ya no está, si es que no se tuvo la oportunidad de asistir a los servicios funerarios, el estar informados nos permite asimilar mejor lo sucedido y así poder entender las etapas del duelo por las que iremos atravesando.
Reconocer los sentimientos y entender que sentirnos tristes, enojados, impotentes, desesperanzados, etcétera, es normal ante la pérdida, es un duelo que toma tiempo y respetar los tiempos de cada persona es importante, cada quien llevará su propio ritmo ante la pérdida.
Liberar los sentimientos a través de la expresión es de gran ayuda, no debemos reprimir las emociones ya que puede generarnos alguna dificultad en el futuro ante un acontecimiento similar, apoyarte de seres queridos en esos momentos es muy beneficioso, incluso tus propios padres mejor que nadie comprenderán tu dolor, ya que ellos también sufren por esa pérdida.
Conservarlo en la memoria y el corazón ayuda bastante, recordar los momentos que se compartieron, las conversaciones, los aprendizajes, los viajes y las fotografías donde aparezcan juntos son buenas opciones para llevarlo siempre en tu memoria.
Debemos saber que existirán momentos de melancolía, estos generalmente son las fechas importantes, en las diferentes épocas del año, aniversarios, cumpleaños, navidad; serán dolorosas al principio, pues se tiene la esperanza e ilusión de que el abuelo entre por la puerta en cualquier momento, pero poco a poco aprenderemos a disfrutar de nuevo cada evento y los podemos traer a la mente de forma cada vez más agradable, sin dolor ni sufrimiento, sino con amor y alegría.
Honrar la memoria del abuelo es otra forma de ir sanándonos poco a poco, cuando haya pasado el tiempo necesario y nos sintamos listos, podemos preguntar a nuestros padres: ¿cómo era él? Podemos escribir las historias que solía contarnos, armar un collage de fotografías, atesorar algún regalo que nos hizo, un suéter, un libro, algo que sea realmente importante para nosotros, visitarlo en su tumba, llevarle flores, conversar con él/ella.
También podemos compartir nuestra experiencia con quien haya sufrido la misma pérdida, ya que nos ayuda a sentirnos comprendidos y no nos juzgarán ni nos criticarán porque llevemos mucho tiempo tristes o llorando, entenderán cuánto los extrañamos pues sabrán del dolor que sentimos.
Es importante entender que difícilmente superaremos por completo la muerte de un/a abuelo/a y no me refiero con esto a algo negativo, o que el superarlo implique olvidarlo, es simplemente comprender que una pequeña parte de nosotros se fue con ellos, que aprenderemos a vivir con esa ausencia y que con el tiempo, aunque sigamos extrañándolos, podremos recordarlos ya sin sentir dolor, es decir; el dolor ya no impedirá que sigamos adelante con nuestras vidas.
Realizar nuestras tareas, retomar nuestras actividades cotidianas, recordar cómo el/la abuelo/a disfrutaba la vida y que nosotros seguimos aquí para hacer lo mismo, es fundamental para avanzar en el proceso de duelo.
Acercarnos a nuestras redes de apoyo es de gran importancia, es decir; nuestros padres, nuestros amigos, ellos son el mejor apoyo y compañía que podemos tener, es posible que nuestros padres también necesiten de nuestro apoyo e incluso si el/la otro/a abuelo/a aún vive, necesitará de nosotros, sin embargo; es importante saber que no debemos sentirnos obligados a ser fuertes todo el tiempo, ni debemos temer el compartir nuestros sentimientos.
Si a pesar del tiempo y del apoyo de nuestros seres queridos, el dolor y sufrimiento por la pérdida del abuelo no disminuye y no logramos sentirnos bien al pasar de los meses, es fundamental buscar ayuda de un profesional, como pueden ser un psicoterapeuta o un tanatólogo.