Los límites de los abuelos tóxicos pueden variar según la situación y el grado de toxicidad, pero algunos de los límites que se mencionan en el texto incluyen: Dar de comer al niño sin permiso de los padres, enfrentar a los miembros de la pareja implicados en la educación del niño, restar autoridad a los padres, desacreditar a los padres instando a desobedecerles, tomar decisiones o acciones sin contar con los progenitores a través de la manipulación y la culpa, apropiarse de la crianza, y llevar a los favoritismos con alguno de los nietos en particular. Estos comportamientos pueden crear malestar y enfrentamientos familiares, y es importante que los padres establezcan límites claros y firmes para evitar que los abuelos tóxicos sobrepasen sus límites y afecten negativamente a los niños. La actitud adecuada de los abuelos en el escenario familiar pasaría por saber poner límites, respetar las normas educativas elegidas por sus hijos y evitar la intromisión en la pareja. Los abuelos tóxicos pueden desacreditar a los padres instando a desobedecerles, lo que confunde al menor. También se pueden apropiar de la crianza tomando decisiones o acciones sin contar con los progenitores a través de la manipulación y la culpa, lo que puede crear roces familiares. La ausencia de límites por parte del abuelo también influirá en otras cuestiones, como la desautorización y desvalorización del papel de los padres que no respeta su estilo educativo. Los abuelos tóxicos pueden realizar cosas que se les ha indicado expresamente que no hagan. Los progenitores tienen derecho a equivocarse, a permitir, a limitar; a educar a sus hijos como mejor consideren. La expresión “los padres están para educar y los abuelos para consentir” puede chocar con la realidad porque se puede acabar malcriando a los nietos o sobrepasando los límites de las normas de los padres del niño. La actitud de los padres con respecto a sus progenitores debe ser clara y firme para que todos los miembros de la familia cumplan su papel sin extralimitarse en sus funciones. Los abuelos que se centran solo en sí mismos tienen una actitud narcisista y egocéntrica y pueden hacer que un menor no se desarrolle en plenitud.