Llegar a tener un corazón compasivo es un trabajo y un camino en el que es necesario dar ciertos pasos.
El primero es la empatía, la proximidad ante los demás.
A más cercanía, más insoportable nos resultará verlos sufrir, lo que nos llevará a sentir responsabilidad y preocupación por ellos.
Cuidar a otro supone ver en él dignidad, pero sin compasión no puede desarrollarse lo genuino del corazón humano.
La compasión nos permite también evitar el pensamiento egocéntrico que lleva a caer en la búsqueda exclusiva de la propia felicidad.
Tengamos presente que hemos de abordar los cuidados paliativos desde el acompañamiento, desde la compasión y desde la ética.
Requiere sentir empatía hacia el dolor del otro, ponernos a su mismo nivel y comprender su problema, como si fuéramos nosotros los que lo tuviéramos.
Supone adentrarse en la dificultad de la otra persona para intentar hacerse cargo de ella, queriendo aliviar su carga, decidiendo hacer algo por aliviarla y poniéndose en movimiento para conseguirlo.
Cuando nos presentamos ante alguien por primera vez, es importante abrirnos a conocerle para intuir por dónde plantear el trabajo personalizado: comunicarnos con la persona y actuar desde su necesidad expresa.